www.artehistoria.jcyl.es Grandes Batallas de la Segunda Guerra Mundial Tras el infierno de Stalmgrado, el frente ruso se convierte para Alemania en una pesadilla. Si al comienzo de la invasión de la Unión Soviética los ejércitos alemanes parecían imbatibles, el desgaste permanente a que han sido sometidos desde el comienzo de la operación acaba por agotar las fuerzas y la moral de las tropas. A partir de entonces, Alemania se ve obligada a adoptar posiciones defensivas frente al empuje soviético. El Ejército Rojo, apoyado por una inmensa reserva de efectivos y una industria bélica puesta a salvo de los bombardeos alemanes, ofrecerá una resistencia tenaz en todos los frentes. Con ambos contendientes aportando todo su potencial, con dos ideologías antagónicas y excluyentes frente a frente -nazismo y bolchevismo-, la guerra se convierte en una lucha por el exterminio del enemigo, sin concesiones. Así las cosas, la última esperanza alemana de vencer a la Unión Soviética pasa por evitar una guerra de desgaste en la que lleva las de perder. Para ello es imprescindible golpear al enemigo con contundencia y en su centro neurálgico. Derrotados en Stalingrado, la región de Kursk adquirió una importancia estratégica capital, al configurar un saliente en el área central de las líneas de lucha. Los alemanes decidieron concentrar sus esfuerzos sobre esta área, planteando la denominada "operación Citadel", porque la caída de Kursk facilitaría el acceso a Moscú desde el sur. Allí tendrá
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